Por Redacción Alerta Digital publicado por www.alertadigital.ar
Alejandro Luis Corbacho, director del Observatorio de Seguridad y Defensa de la UCEMA y docente de Ciencias Políticas, trazó un diagnóstico descarnado sobre el estado de las Fuerzas Armadas argentinas.
En un contexto de creciente tensión geopolítica global, la Argentina enfrenta una paradoja que pocos debaten en profundidad: cuenta con uno de los frentes marítimos más extensos y estratégicos del hemisferio sur —el Pasaje de Drake, la puerta a la Antártida, las costas del Atlántico Sur y la disputa pendiente por Malvinas— pero sus Fuerzas Armadas atraviesan décadas de desinversión, salarios paupérrimos y equipamiento envejecido.
Así lo explicó Alejandro Luis Corbacho, director del Observatorio de Seguridad y Defensa de la UCEMA y docente del Departamento de Ciencias Políticas y Jurídicas de esa casa de estudios, en diálogo con AM Cumbre 1400. El especialista, que interrumpió un curso en la Escuela de Guerra Conjunta para participar de la entrevista, trazó un diagnóstico preciso sobre una problemática que rara vez llega a la agenda pública.
El mar como espacio estratégico ignorado
Corbacho explicó que en los últimos diez o doce años las armadas de todo el mundo recuperaron protagonismo, impulsadas por tres factores: el control de las líneas de comunicación marítimas, la riqueza económica de los mares adyacentes —incluyendo recursos pesqueros y explotación petrolera costera— y la capacidad de proyectar presencia a distancia, como lo demuestran los portaaviones estadounidenses.
En ese contexto, la posición geográfica argentina es de enorme valor estratégico. "Tenemos el Pasaje de Drake, el camino a la Antártida, el frente atlántico. Son zonas que hay que vigilar, proteger y defender", señaló. Sin embargo, advirtió que la Armada Argentina está "muy golpeada y muy debilitada en términos de material y equipo", muy por detrás de las flotas de Brasil y Chile.
El ejemplo más concreto es el de los submarinos: para que una fuerza de submarinos funcione operativamente, un país necesita al menos tres unidades —una en navegación, otra en preparación y la tercera en reparación—. Argentina, en la práctica, está lejos de ese umbral mínimo. "Primero hay que decidir si los submarinos van a ser franceses o alemanes, luego cómo se financian, y eso es un gasto mucho mayor que el de los aviones o los vehículos", graficó.
Salarios que expulsan talentos
Más allá del equipamiento, Corbacho señaló un problema que no aparece en las estadísticas pero que deteriora silenciosamente la capacidad operativa: la fuga de oficiales y suboficiales hacia el sector privado, atraídos por mejores condiciones salariales.
"Hay muchas bajas en las tres fuerzas de gente en la que el país invirtió años de formación. Sus salarios son bajísimos", afirmó. Y para dimensionarlo usó una comparación: un oficial del Ejército con 200 hombres a cargo cobra poco más que un maestro. "Eso afecta no solo a la persona sino a las familias", agregó.
El especialista también mencionó como factor de desgaste la política de traslados entre provincias, que en años anteriores se comunicaba a último momento —en marzo, cuando los cupos escolares ya estaban completos y los alquileres tomados—, generando una cadena de disrupciones familiares que erosionaba la vocación y el compromiso institucional.
Qué cambió y qué falta
Respecto al gobierno actual, Corbacho fue cauteloso pero reconoció avances concretos: mayor reconocimiento social de las Fuerzas Armadas, más autonomía en la formación de cuadros y una mejora en la planificación de los traslados. También destacó la compra de aviones F-16 para la Fuerza Aérea y los vehículos Stryker para el Ejército como señales de reequipamiento en curso, aunque aclaró que la Armada —por el mayor costo de sus plataformas— sigue siendo la más rezagada.
En un plano más amplio, el especialista fue directo al señalar que durante gobiernos anteriores la política hacia las Fuerzas Armadas fue de reducción deliberada al mínimo posible, aprovechando la vocación y el profesionalismo de sus integrantes sin compensarlos adecuadamente. "Los políticos se aprovechan de que no hacen un paro y les rompen todo", resumió.