El jurista y jesuita español Francisco de Vitoria, padre del derecho internacional público en La guerra justa, enseñó que una guerra es lícita si tiene causa justa, una autoridad legítima, la recta búsqueda de la paz y no la gloria), con proporcionalidad en los medios empleados y como último recurso para restaurar el orden destruido por el verdadero genocidio emprendido contra nuestra sociedad por los terroristas de entonces. Todo eso cumplieron los soldados a quienes se pagó con la cárcel. Cuando parecía que el relato cambiaba, recientemente nos sorprendió una novedad en la persecución judicial, tanto o más grotesca que las ya publicadas en esta sección de La Nación y sus editoriales. Esta vez el Tribunal Oral Federal de Bahía Blanca fue contra más soldados con total extemporaneidad. Y agregó en su persecución a un órgano periodístico al que ordenó rectificar o borrar sus notas de más 50 años de antigüedad y su justa finalidad. Estos jueces aferrados a un relato que está cambiando, no solo encarcelaron más soldados y policías. Agregaron a La Nueva Provincia o, ahora, a La Nueva, olvidando que su trabajo periodístico las puso en cabeza de la sociedad a la que estaban dirigidas: Sarmiento dijo “las ideas no se matan”; pero estos jueces las están matando borrando sus huellas, y olvidando que ya pertenecen al patrimonio social. Es hora que el actual gobierno termine de una vez y para siempre con lo grotescos escándalos.
Enrique Munilla
DNI 4.433.538