Todo empieza con la Línea Durand, una frontera trazada por los británicos en 1893 que divide al pueblo pastún entre ambos países. Afganistán nunca la reconoció plenamente. Para Pakistán es frontera oficial. Para muchos afganos es una imposición colonial.

En ese territorio ambiguo opera el TTP (Tehrik-i-Taliban Pakistan), conocido como el “Talibán paquistaní”. No es lo mismo que el Talibán afgano que gobierna Kabul desde 2021, aunque comparten ideología islamista radical.

La diferencia es clave:

 El Talibán afgano quiere gobernar Afganistán.

 El TTP quiere debilitar o derrocar al Estado de Pakistán.

El TTP ha realizado atentados muy graves, como la masacre de la escuela de Peshawar en 2014. Desde el regreso del Talibán al poder en Kabul, el TTP se ha fortalecido. Pakistán acusa al gobierno afgano de permitir que el grupo opere desde su territorio. Kabul lo niega.

Ante el aumento de ataques, Pakistán bombardeó supuestos refugios del TTP dentro de Afganistán. Eso eleva el riesgo: cuando un país ataca al otro, la tensión deja de ser solo “terrorismo” y se convierte en conflicto interestatal.

El problema es que Pakistán atraviesa una situación interna delicada: crisis económica, inflación alta, tensiones políticas y presión insurgente. Es además una potencia nuclear. La inestabilidad preocupa a India, a China y a Occidente.

Irán también observa con atención. Comparte frontera con Afganistán y tiene sus propios problemas con grupos suníes radicales. Además, mantiene una relación pragmática pero desconfiada con el Talibán. Si la zona se desestabiliza, aumentan el tráfico de armas y la radicalización, algo que afecta directamente a Teherán.

¿Y qué tiene que ver Israel?

Indirectamente, bastante. El conflicto entre Israel e Irán se desarrolla en múltiples frentes (Siria, Líbano, Gaza, Irak). Una región más inestable en Asia Central puede:

 Dispersar la atención internacional.

 Multiplicar redes clandestinas.

 Abrir nuevos espacios de influencia para actores regionales.

No se trata de que Afganistán ataque a Israel. Se trata de cómo cada foco de inestabilidad altera el equilibrio general donde también juega Irán.

El escenario más probable no es una guerra total entre Afganistán y Pakistán, sino una tensión constante con bombardeos intermitentes y enfrentamientos limitados. Pero el riesgo real es la erosión lenta del Estado paquistaní en un contexto de radicalización.

En síntesis: lo que ocurre en esa frontera no es un conflicto aislado. Es un punto sensible en un tablero más amplio, donde las fronteras coloniales, el islamismo radical y la competencia geopolítica se cruzan.

Y cuando una frontera inestable involucra a un país nuclear como Pakistán, deja de ser un problema local. Se convierte en una preocupación regional con proyección global.

*DNI 13862.378