República Argentina: 1:33:53pm

Por Roberto Arnaiz* colaboración para TIEMPO MILITAR

Un país se entiende por sus calles.

Un Estado se entiende por sus fuerzas.

Irán se organiza como un sistema de capas. Cada capa viste un uniforme distinto, responde a una cadena de mando propia y cumple una misión específica. Ese diseño produce una característica central del modelo iraní: poder distribuido. No existe una única estructura armada concentrando toda la capacidad coercitiva. Existen varias. Se complementan, se superponen y se equilibran entre sí.

En la primera capa aparece el ejército regular, el Artesh. Representa la defensa clásica del territorio nacional. Sus fuerzas terrestres, navales y aéreas protegen fronteras, espacio aéreo y aguas territoriales. Su cultura es profesional y convencional. Su misión consiste en preservar la soberanía del Estado frente a amenazas externas tradicionales. Es la imagen visible del Estado armado.

En una segunda capa opera la Guardia Revolucionaria Islámica, el verdadero núcleo estratégico del sistema. Esta fuerza nació para custodiar el orden político surgido tras la Revolución y hoy constituye el pilar militar-ideológico del

régimen. Posee fuerzas terrestres propias, unidades navales independientes y una poderosa fuerza aeroespacial responsable del programa de misiles y drones. Su misión combina defensa, disuasión y protección del sistema político.

Dentro de la Guardia Revolucionaria se encuentra la pieza que proyecta el poder iraní más allá de sus fronteras: la Fuerza Quds. Esta unidad constituye el brazo externo del régimen. Mientras el Artesh protege el territorio y la Guardia Revolucionaria consolida la estructura interna, la Fuerza Quds extiende influencia en el exterior. Su función consiste en coordinar alianzas, establecer vínculos operativos, sostener actores afines y administrar escenarios regionales estratégicos.

La Fuerza Quds responde a la conducción superior de la Guardia Revolucionaria y, en última instancia, al Líder Supremo. Su ubicación dentro del esquema militar refleja su carácter estratégico. No se trata de una fuerza convencional de despliegue territorial, sino de una estructura especializada en proyección externa.

Otra capa del sistema iraní es el Basij, una red de movilización territorial con presencia en barrios, universidades e instituciones. Aporta organización social y capacidad de convocatoria. Funciona como soporte interno del sistema, fortaleciendo la cohesión y la estabilidad en momentos de tensión.

El entramado se completa con las fuerzas de seguridad interna y el aparato de inteligencia. La policía garantiza el orden cotidiano, mientras la inteligencia articula información, anticipa amenazas y coordina respuestas entre todas las capas del poder.

Este diseño produce una arquitectura sólida. El Artesh protege el territorio. La Guardia Revolucionaria defiende el núcleo político. El Basij sostiene la presencia social. La policía asegura la estabilidad urbana. La inteligencia integra el sistema. Y dentro de la Guardia Revolucionaria, la Fuerza Quds proyecta influencia hacia el exterior. Comprender esta estructura resulta fundamental para analizar la zona de influencia iraní en Medio Oriente. La Fuerza Quds no actúa de manera aislada: opera como parte de un dispositivo estatal más amplio que distribuye funciones con precisión. Su capacidad externa descansa en la solidez interna del sistema.

*DNI 13.862.378