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Carta de Lectores publicado por www.lanacion.com.ar

En su estupenda nota del 26 de junio, el Dr. Leonardo Pérez Videla describe con verdadera maestría los prolegómenos de los monstruosos juicios erróneamente denominados de lesa humanidad, llegando a la fatal conclusión de que esos procesos se llevan a cabo fuera de toda normativa vigente en materia de derecho penal.

Así, se condena brutalmente a personas inocentes sin prueba alguna que avale los decisorios. De esa manera pues, podremos nombrar muchísimos ejemplos, empero, por la natural escasez de esta sección, puedo mencionar entre tantos otros el caso del Cabo Julio Flores, del Tcnel. Gustavo Adolfo Alsina, del Dr. Jaime Smart, o del Padre Christian Von Wernich, todos ellos claros exponentes de la obscenidad de la Justicia Federal. Hoy me referiré al último de los nombrados. Ello así en razón de que su caso es casi un reflejo de aquella vieja película de Alfred Hitchcock -que el mismo sacerdote hace poco tiempo citara-, conocida por su título: Mi secreto me condena. En ella, precisamente, un sacerdote católico se sacrifica ante la “justicia” de los hombres por no violar el secreto de confesión. Lo cierto es que, de la misma forma, el padre Christian Von Wernich se encuentra detenido desde hace 23 años en la Unidad 34 de Campo de Mayo, pues, su secreto lo condena. Y esto, tristemente, no es ficción. Él se encuentra confinado, a sus 89 años, como consecuencia de imputaciones criminales absurdas que, como dice el autor de la nota, se encuentran basadas en “criterios de intervención y/o participación criminal donde la orfandad probatoria es absoluta”. Pero claro, es católico y hay que eliminarlo. A nadie le interesa la verdad y, menos aún a los jueces y fiscales federales. Peor aún hoy, en cada ocasión en que se condena a un inocente por algunos de estos vergonzosos juicios, ciertos sectores de la prensa salen a festejar en medio de un tumulto de gente, especialmente jóvenes, que no tienen la menor idea de lo que ha sucedido en la década del 70. Si el precio de mantener intacto el secreto de confesión es cargar con una culpa ajena y vestir el uniforme de los convictos, aceptamos ese precio con la frente en alto, nos enseña el padre von Wernich. Así también, nos cuenta que, en 1985, al momento de declarar en el juicio a las juntas militares, el fiscal Strassera le preguntó sobre algunas cosas que hubiere conocido en virtud del secreto de confesión, lo que catapultó la inmediata reacción del juez Arslanián, quien objetó el interrogatorio recordándole enérgicamente que los sacerdotes tienen la obligación de guardar el sigilo confesional. ¿Los actuales jueces y fiscales federales conocen ello?

El sacrificado sacerdote que lleva casi un cuarto de siglo encerrado en las mazmorras se pregunta: ¿puede un sacerdote ir preso para no violar el secreto de confesión? Frente a este interrogante, los “valientes” jueces y fiscales federales miran para otro lado.

Finalmente: ¿la jerarquía eclesiástica, dónde está? ¿monseñor García Cuerva, qué sucede?

Francisco García Santillán

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