República Argentina: 3:37:08pm


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Por Jaime Selser * publicado por www.laprensa.com.ar

Hay bienes que no cotizan en los mercados, no figuran en los balances contables ni pueden guardarse en una caja fuerte. Sin embargo, suelen tener un valor superior al de cualquier patrimonio material. La confianza es uno de ellos.

Las personas, las empresas, las instituciones y los gobiernos construyen credibilidad a lo largo de años, a veces de décadas. Lo hacen mediante sus acciones, sus decisiones y sus conductas. Pero también a través de aquello que comunican y de la forma en que la sociedad interpreta sus mensajes.

En una época marcada por la inmediatez, donde una noticia puede recorrer el mundo en cuestión de segundos y una opinión puede multiplicarse millones de veces antes de ser verificada, la reputación se ha convertido en uno de los activos más sensibles y valiosos de nuestro tiempo.

Por eso, cada 7 de junio, cuando Argentina celebra el Día del Periodista, resulta oportuno reflexionar sobre el papel que desempeñan la prensa y la comunicación en la construcción de la confianza pública.

No se trata solamente de una profesión. Se trata de una función esencial para la vida democrática. Mariano Moreno comprendió esa realidad en los albores de la Nación. La creación de La Gazeta de Buenos Ayres respondió a la convicción de que los ciudadanos debían acceder a información confiable para poder participar conscientemente en la vida pública. Aquella idea conserva plena vigencia más de dos siglos después.

Una época de abundancia informativa y escasez de certezas.

Paradójicamente, nunca hubo tanta información disponible como en la actualidad y, al mismo tiempo, nunca resultó tan difícil distinguir con claridad entre los hechos y las interpretaciones, entre la noticia y el rumor, entre la verdad y la manipulación.

Las redes sociales ampliaron extraordinariamente las posibilidades de comunicación. Democratizaron la palabra y permitieron que millones de personas pudieran expresarse sin intermediarios. Sin embargo, también aceleraron la circulación de falsedades, operaciones, versiones incompletas y juicios apresurados.

El escritor británico George Orwell observó alguna vez que, en tiempos de engaño universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario. La frase parece escrita para describir muchos de los desafíos contemporáneos.

Porque cuando la velocidad reemplaza a la reflexión y la emoción desplaza a los hechos, la información rigurosa adquiere un valor todavía mayor.

La reputación: un patrimonio invisible

La confianza constituye una forma de capital.

No aparece en los estados contables, pero influye sobre las inversiones, las decisiones de consumo, el respaldo ciudadano y la legitimidad institucional.

Una empresa puede poseer importantes activos físicos y, sin embargo, sufrir pérdidas irreparables si pierde credibilidad ante sus clientes. Un dirigente puede exhibir una extensa trayectoria, pero ver comprometida su imagen por una crisis mal gestionada. Una institución prestigiosa puede atravesar serias dificultades cuando no logra explicar adecuadamente sus decisiones.

La reputación es una construcción delicada.

Se alimenta de hechos concretos, pero también de percepciones.

Y las percepciones suelen estar profundamente vinculadas con la calidad de la comunicación.

El inversor y empresario Warren Buffett sintetizó esa realidad con una frase célebre: "Se necesitan veinte años para construir una reputación y cinco minutos para arruinarla".

La historia ofrece innumerables ejemplos de organizaciones que dedicaron décadas a consolidar prestigio y apenas unas horas a perder buena parte de él.

EL PERIODISTA Y LA BUSQUEDA DE LA CLARIDAD Frente a este escenario, la función del periodismo adquiere una relevancia singular.

El periodista profesional no está llamado a dictar sentencias ni a construir relatos complacientes. Su tarea consiste en preguntar, investigar, contrastar fuentes y aportar contexto.

En una sociedad saturada de información, la principal responsabilidad del periodismo es ayudar a comprender. No alcanza con transmitir datos; resulta indispensable ordenarlos, verificarlos y ofrecer elementos que permitan interpretar la realidad.

La información de calidad reduce incertidumbre. Y donde disminuye la incertidumbre, aumenta la confianza.

Por esa razón, el periodismo responsable sigue siendo uno de los pilares fundamentales de las sociedades abiertas y democráticas.

Comunicar también es una responsabilidad profesional Del mismo modo que existen profesionales preparados para ejercer la medicina, la ingeniería, el derecho o la arquitectura, también existen profesionales formados para gestionar la comunicación.

Porque comunicar no consiste únicamente en hablar. Consiste en construir sentido, administrar expectativas, preservar reputaciones y generar vínculos de confianza entre las organizaciones y la sociedad.

En tiempos de crisis, esa diferencia se vuelve aún más evidente.

Una comunicación improvisada puede agravar un conflicto. Una estrategia adecuada puede contribuir a resolverlo.

Por eso, cuando una institución, una empresa, un dirigente o una organización enfrentan desafíos vinculados con su imagen pública, la respuesta no suele encontrarse en la improvisación sino en el asesoramiento profesional.

La confianza se construye con hechos. Pero también con palabras.

Y las palabras, cuando son utilizadas con responsabilidad, transparencia y criterio profesional, tienen la capacidad de acercar posiciones, disipar dudas y fortalecer vínculos.

En este Día del Periodista, el reconocimiento corresponde a quienes ejercen la tarea de informar con honestidad, rigor y compromiso con la verdad.

Porque en una sociedad atravesada por el ruido, la desinformación y la velocidad, la búsqueda de la verdad continúa siendo un servicio público indispensable.

Y porque, en materia de comunicación, como en todos los órdenes de la vida, los problemas complejos deben ser abordados por quienes poseen la formación, la experiencia y el conocimiento necesarios para resolverlos.

* Consultor en Comunicación. Experto en Crisis de Medios y Prensa. Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UBA).