República Argentina: 3:54:38pm

Por Bryan J. Mayer * publicado por www.lanacion.com.ar

Algunos autores señalan que “cuando la política falla, aparecen las Fuerzas Armadas”. Otros, como Clausewitz, ajustados al realismo contemporáneo, reconocen que –in factum– “la guerra no es sino la continuación de la política por otros medios”.

Esto pudo verse materializado en el comienzo del nuevo año, con tropas estadounidenses alcanzando objetivos estratégicos en Caracas y deteniendo a Nicolás Maduro, acusado de liderar organizaciones narcotraficantes, diversos cargos por corrupción y actos contra su pueblo.

Más allá de la realidad doméstica venezolana, la operación militar a gran escala realizada por el gobierno estadounidense se justificó en la búsqueda de estabilizar la región. Esto es por el papel que Maduro adoptó frente a la competencia petrolera, el crecimiento narco y la influencia ideológica en referentes y funcionarios de otros países latinoamericanos, lo que posicionó al régimen venezolano como un elemento que dejó de encajar del todo con el concierto del continente, que electoralmente también está virando a representantes de ideas como las del propio Trump, lo que robustece su capacidad de acción.

En el caso expuesto, la vinculación entre capacidad militar y capacidad de imponer la voluntad política es estrecha. Por un lado, Donald Trump logró recuperar el gobierno de Estados Unidos con un triunfo histórico que lo revalida para llevar adelante medidas tan fuertes como concretas para priorizar los intereses nacionales de su país, como así también para intervenir en la política exterior en la forma en que lo hace.

El presidente estadounidense asumió su actual mandato el 20 de enero de 2025 y, antes de cumplir el primer aniversario, ya alcanzó determinaciones históricas en el escenario geopolítico que guardan pocos precedentes en la historia. Por caso, podemos mencionar su giro paradigmático respecto a las anteriores gestiones en lo que respecta a la manera de abordar la situación de Europa del Este, Medio Oriente y el terrorismo internacional.

Trump tomó una actitud pragmática al restablecer contactos formales con el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, para buscar una solución definitiva al conflicto con Ucrania. La misma postura tiene con el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, sobre quien llegó a pedir el indulto por las acusaciones que recibe en medio de los ataques terroristas contra el pueblo judío en Israel y el mundo. El líder occidental también volvió al pragmatismo tanto con India, como contrapeso a China, como con Pakistán, como punto relevante para combatir las organizaciones criminales de aquella región. Con el mismo pragmatismo debe destacarse que este artículo no analiza ningún alcance jurídico, sino el ejercicio de la política real en su sentido de poder.

Ante ese comportamiento de Trump en el escenario mundial, no es azaroso que, tras capturar a Nicolás Maduro en Caracas, la primera conferencia del norteamericano inicie y sostenga un fuerte discurso de tono y contenido militar. Él no solamente actúa como lo hace por saberse personalmente disruptivo y con coraje o políticamente con el soporte ideológico y económico necesario. Lo hace porque sabe que tiene el instrumento militar más desarrollado de todo el mundo.

Por caso, podemos recordar que Estados Unidos invierte más de 900 mil millones de dólares anuales en ítems de defensa, lo que implica alrededor del 4% del PBI de una de las mayores economías del globo. Así, por sí mismo, ese país concentra alrededor del 40% de la inversión militar mundial. Con estas cifras, Estados Unidos generó un entramado de industria militar que le permite escribir para sí la actualización de doctrina y desarrollar nuevos sistemas de armas en materia de inteligencia artificial, ciberespacio y aeroespacial, como así también para sus principales aliados o países de interés, como Israel, Taiwán y la propia Argentina, con cuyo líder tiene una especial relación.

Las posibilidades citadas en el párrafo precedente se extienden hasta lo ocurrido en Venezuela: el presidente estadounidense ejecuta un plan de estabilización en un país golpeado por un régimen ilegal como el de Maduro, denunciado por cientos de delitos contra su población que incluyen diversas violaciones a los derechos humanos y fraude electoral. Alrededor, al contrario de lo que podría ocurrir en otros casos, los principales líderes mundiales no plantean mayores objeciones a los acontecimientos. Es más, solo algunos mandatarios vinculados con la izquierda clamaron en defensa del chavismo más por pertenencia ideológica que por argumentación sólida.

La forma descrita en la que Trump se desplaza en el tablero es un claro ejemplo de otro concepto frecuente en las aulas de relaciones internacionales: el instrumento militar es el músculo de la diplomacia. Así, estrechamente vinculadas, la actitud política de Estados Unidos y su poder militar imponen en la región los parámetros para el desempeño funcional de las naciones de la región y el mundo.

Esto demuestra, incluso ante discusiones domésticas, la relevancia que tiene el desarrollo militar de un país para poder avalar, sostener y acompañar la determinación de sus representantes. Mayor desarrollo es mayor soberanía, que implica mayor defensa de los intereses nacionales, la posición geoestratégica, el orden constitucional y la autodeterminación para cada país.

Es decir: la inversión militar achica la posible brecha que puede haber entre la intención y la acción.

*Ex asesor del ministro de Defensa, ex corresponsal de guerra en Ucrania e Israel y miembro del Instituto de Seguridad Internacional y Asuntos estratégicos del CARI