República Argentina: 8:36:39pm


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REDACCION TIEMPO MILITAR. El Foro Argentino de la Defensa con la firma de su presidente Santiago Lucero Torres emitió un mensaje sobre la cuestión Malvinas que reproducimos textualmente:

“Foro Argentino de la Defensa

Tres banderas y ninguna vergüenza

Renato Carlos Sersale di Cerisano, embajador de Mauricio Macri en Londres, salió esta semana a relativizar las sanciones contra las petroleras que operan sin autorización argentina en Malvinas. Habló de nostalgia y de «utopía retrospectiva».

Días antes había propuesto en Clarín que Donald Trump mediara para instalar una base militar compartida entre la Argentina, Estados Unidos y el Reino Unido. Tres banderas sobre un territorio que nuestra Constitución declara argentino.

La propuesta contradice el mandato constitucional de recuperar el ejercicio pleno de nuestra soberanía y la posición histórica argentina contra la militarización británica del Atlántico Sur. Después de décadas denunciando Monte Agradable, un exembajador propone compartir una base con el ocupante. Una concesión que ni siquiera Londres había necesitado pedirnos. Sersale cuestiona precisamente aquello que da eficacia a las sanciones. La ley 26.659 alcanza a las empresas que explotan nuestros recursos sin autorización y a quienes participan de esas actividades. El Gobierno inició procedimientos contra decenas de personas y compañías vinculadas a esas operaciones. Pedir prudencia ahora equivale a ofrecerles alivio a los abogados de Navitas y Rockhopper.

Hace apenas unas semanas, el propio Sersale defendía las sanciones como instrumento de negociación y reclamaba el control exclusivamente argentino de la base de Ushuaia. En Tierra del Fuego exige una sola bandera. En Puerto Argentino acepta compartirla con el ocupante y su principal aliado militar. La contradicción habla por sí sola.

En el Royal United Services Institute for Defence and Security Studies (RUSI), influyente centro británico de defensa, seguridad e inteligencia, seguramente seguirán con interés la propuesta. Entre sus referentes y antiguos directivos figuran David Petraeus, exdirector de la CIA; Sir Alex Younger, antiguo jefe del MI6; y Suzanne Raine, exdirectora del Joint Terrorism Analysis Centre británico. El instituto también ha contado con aportes de altos funcionarios argentinos, algunos exbecarios Chevening. No hace falta atribuirles intervención alguna para advertir el valor que una propuesta así puede tener en Londres cuando proviene de un antiguo embajador argentino.

Macri designó a Sersale en 2016. Durante su gestión se firmó el comunicado Foradori Duncan, una de las decisiones más controvertidas de nuestra política exterior reciente. La Embajada presentó como logro propio la ampliación de las becas Chevening de 9 a 34, mientras Londres expandía internacionalmente ese programa. Celebrar como mérito argentino el crecimiento de una herramienta de influencia del Foreign Office, destinada a vincularse con futuros dirigentes y formadores de opinión, retrata aquella gestión mejor que cualquier crítica. Y quien pagaba las becas seguía ocupando parte de nuestro territorio.

En diciembre de 2018 llamó «máximas autoridades de las islas» a funcionarios de la administración británica en Malvinas. Borró la publicación tras las críticas, pero Diputados repudió sus expresiones. Hay una diferencia elemental entre mantener relaciones diplomáticas y reconocer legitimidad política a las autoridades de una ocupación que nuestro país desconoce.

Entre 2024 y 2025 dirigió el Instituto del Servicio Exterior de la Nación, donde se forman nuestros diplomáticos. Tiene derecho a opinar, por supuesto. Pero quien representó a la Argentina en Londres debería conocer el peso de sus palabras.

Reducir el reclamo a una cuestión de nostalgia le regala al Reino Unido un argumento que difícilmente habría obtenido por sus propios medios.

La Argentina tiene una Constitución, un reclamo de soberanía reconocido como disputa por Naciones Unidas y herramientas legales para enfrentar la explotación unilateral de sus recursos. Puede negociar con Londres y fortalecer su alianza con Washington sin anticipar concesiones sobre lo que le pertenece.

Nadie le pidió a quien habló en nuestro nombre ante el Reino Unido que ofreciera una tercera bandera. Pero cierta diplomacia criolla conserva una vieja debilidad por las gaitas, los uniformes de gala y los salones de Buckingham. Una venalidad política que no necesita dinero porque se conforma con el reconocimiento del poderoso. Y que queda al descubierto cuando, por una sonrisa en los palacios de Londres, se termina ofreciendo aquello que pertenece a todos los argentinos.

Santiago Lucero Torres

Presidente”