República Argentina: 9:16:03am

Comenzando por Italia, el claro triunfo de Georgia Meloni implica que por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, llega al poder un gobierno de esta orientación político-ideológica. Es además la primera mujer que gobierna Italia. Si bien sus enemigos la caracterizan de postfascista, los académicos italianos la consideran de “derecha conservadora”. El nacionalismo se evidencia en la defensa de la autonomía italiana para determinar el acceso a sus fronteras. Así como Meloni mantiene a su país en la OTAN, la UE y apoya a Ucrania en la guerra contra Rusia, discrepa con la política de Bruselas respecto a la entrada de inmigrantes ilegales a través del Mediterráneo. La visión conservadora en lo cultural se manifiesta en su defensa de los valores de “Dios, patria y familia”, una trilogía tradicional en las fuerzas políticas conservadoras. En lo económico, busca una buena relación con los mercados, para un país que tiene una gran deuda externa que necesita refinanciar. Respecto a sus aliados, Silvio Berlusconi es quien tiene mayor compromiso con las ideas liberales en lo económico y Matteo Salvini una posición más firme respecto a la anti-inmigración. Italia es el tercer electorado de la Unión Europea después de Alemania y Francia.

 

El 30 de octubre tuvo lugar la segunda vuelta de la elección presidencial brasileña, que mostró una derrota de Bolsonaro, pero al mismo tiempo la consolidación de un gran bloque conservador. El nacionalismo es una bandera central del candidato derrotado en política. Sus partidarios usaron la bandera nacional como símbolo de identificación en sus ropas e insignias, mientras los militantes de Lula usaban el colorado, color tradicional de las izquierdas latinoamericanas. En cuanto a los valores culturales, cabe señalar que la profesión religiosa en el evangelismo de Bolsonaro y su mujer, es una definición clara. Los evangélicos, que son un 30% del país -en la década próxima superarán a los católicos en cantidad, pese a ser el país con más fieles de esta confesión en el mundo-, expresan acabadamente el conservadurismo en los valores culturales y en su mayoría votaron por Bolsonaro. Por el contrario, los católicos lo hicieron más por Lula. En lo económico, los cuatro años de gobierno de Bolsonaro mostraron su apoyo a las políticas de libre empresa, y en particular el agronegocio fue uno de los sectores beneficiados y forma parte de su coalición. La seguridad pública es un tema central en Brasil y los partidarios de la “mano dura” fueron decididos votantes de Bolsonaro. Cuatro meses atrás, las encuestas daban a Lula una ventaja de entre 15 y 20 puntos, ganando en primera vuelta. Finalmente, ganó en segunda y por menos de dos puntos. Bolsonaro queda con más influencia en el Congreso que en el periodo de gobierno que termina, y con mayor control territorial en cuanto a los gobernadores de los estados. Por estas razones, su derrota tuvo un cierto efecto de triunfo. Cabe señalar que Brasil es el segundo electorado de Occidente después de Estados Unidos. Bolsonaro tiene públicas simpatías por Trump en la política estadounidense. El ex Presidente republicano le dio un enfático apoyo en la semana previa a las elecciones.

 

Dos días después, el 1° de noviembre, tuvo lugar la elección parlamentaria israelí, que dio por resultado un triunfo de Benjamín Netanyahu, que ha ganado por cuarta vez. Israel tiene 9,3 millones de habitantes y está geográficamente en el Cercano Oriente, pero en términos culturales forma parte del mundo occidental. Netanyahu es el primer ministro que ha ocupado más tiempo el cargo desde la creación del estado de Israel. Políticamente es una expresión del nacionalismo israelí, generado en el conflicto con las mayorías musulmanas que rodean al país. Los sectores más nacionalistas y belicosos lo apoyan y el voto juvenil le es claramente favorable, pese a las denuncias de corrupción que ha tenido. Formará gobierno en alianza con los partidos ultra religiosos que tienen una cosmovisión muy conservadora. En lo económico mantiene una postura favorable a la libre empresa. Se da así, en Israel, el modelo que combina el nacionalismo en lo político, el conservadurismo en lo cultural y el liberalismo en lo económico. En los gobiernos anteriores, Netanyahu se vio obligado a formar gobierno en alianza con partidos de centro, lo que generaba gobiernos de centroderecha. Ahora lo hace con los partidos del extremismo religioso, lo que genera un gobierno de ultraderecha. Es clara su preferencia por Trump en la política estadounidense. 

 

La elección de medio término realizada en Estados Unidos confirmó que es un país dividido en dos, con los republicanos controlando la Cámara de Representantes y un Senado todavía incierto. Probablemente, Trump avanzará con su candidatura, la que podría anunciar desde su residencia de Miami el 15 de noviembre. El gobernador de Florida, Ron DeSantis, se consolida como la primera alternativa para desafiar al ex Presidente en las primarias para 2024. Pero no es seguro que lo haga. Además, su ideología no difiere sustancialmente de la de Trump y por eso mismo es la alternativa competitiva más relevante frente a él. Los demócratas lograron que en los cinco estados que realizaron referéndums sobre el aborto, en cuatro de ellos fuera declarado un derecho constitucional. Asimismo, lograron la primera gobernadora lesbiana en la historia de Estados Unidos. Los sectores más radicalizados del partido demócrata exigen una remoción de la Suprema Corte que no está prevista en la Constitución. El partido republicano confirma que reúne las tres condiciones que hoy caracterizan a los modelos de derecha en Occidente: el nacionalismo en lo político, que se pone de manifiesto en el lema de Trump (“Hagamos a América grande otra vez”); el conservadurismo en lo cultural, que se refleja en el rechazo a la agenda de género y al aborto y se identifica con el pensamiento religioso, especialmente el evangélico; y el neoliberalismo o libre empresa en lo económico, que se identifica con la imagen de “empresario exitoso” de Trump.

 

En conclusión: el triunfo de Meloni pone de manifiesto que su movimiento político se identifica con la tríada de la derecha hoy en Occidente: nacionalismo político, conservadurismo cultural y neoliberalismo económico; la elección presidencial brasileña mostró que pese a su derrota, Bolsonaro queda liderando un bloque de derecha que es la mitad del país, y que también se identifica con la mencionada tríada de valores; el nuevo triunfo de Netanyahu en Israel muestra la misma tendencia, confirmando también la religión como un componente importante de la derecha occidental; por último, la elección de medio mandato en EEUU muestra un país dividido, con un pensamiento del partido republicano que coincide con el nacionalismo, el conservadurismo cultural y el neoliberalismo económico

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