Por Roberto Arnaiz* colaboración para TIEMPO MILITAR
En una celda de aproximadamente 2,10 metros de largo, sesenta centímetros de ancho y dos metros de altura, Argentino del Valle Larrabure movía los brazos y las piernas hasta quedar exhausto. Carecía de espacio para caminar y no disponía de ningún elemento para ejercitarse, pero repetía flexiones con la esperanza de que el cansancio le permitiera dormir. Cuando el agotamiento resultaba insuficiente y el sueño continuaba sin llegar, debía pedirles a sus carceleros algún sedante. En ocasiones le entregaban un comprimido de Valium de cinco miligramos con el que conseguía descansar durante algunas horas.




